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KPMG España - Octubre,
2001
Situación y expectativas del mercado asegurador
en el actual contexto
Resulta especialmente complicado realizar previsiones sobre el futuro de un mercado o un sector en mundo convulso y cambiante como el que nos ha tocado vivir en este comienzo de siglo. Así lo que parece importante considerar en un momento determinado es secundario transcurrido muy poco tiempo.
A la vuelta de vacaciones, mientras se preparaban las previsiones económicas en un ambiente ya enrarecido de precrisis, con algunas dudas sobre la evolución prevista de la economía mundial, aparecen en escena con violencia imágenes que relativizan la propia esencia de la humanidad. Todos estamos especialmente sensibilizados con lo que ocurrió hace unos días en el corazón del país más poderoso del mundo, donde la sinrazón, el fanatismo y la locura expresada en los términos más sanguinarios aparecieron de manera sorprendente castigando el centro de poder y el orgulloso centro económico y financiero símbolo de una nación y quizás del mundo civilizado.
¿Cómo se pueden hacer predicciones sobre un mundo globalizado en el que tiene cabida acciones que, excepto en películas fantásticas, no son imaginables? ¿Cómo podemos comprender un mundo tan complicado y tan lleno de aristas como el que vivimos, cuando oímos que, con otros intereses y en otro contexto, la bestia fue alimentado por los propios que reciben la dentellada? ¿Qué vinculaciones tan perversas nos podemos imaginar cuando días antes de la terrible masacre, alguien especuló fuertemente a la baja de aseguradoras y líneas aéreas obteniendo pingües beneficios?
Qué difícil resulta tratar de realizar un análisis racional de la situación económica futura con el dolor cercano por la pérdidas de vidas de colegas, y el aún más profundo dolor por la bajeza de las acciones que tenemos que contemplar, donde alguien cegado es capaz de mirar a la cara a inocentes y convertirlos en metralla humana para el asesinato de otros inocentes en nombre de no se sabe qué intereses. Sin embargo, por duro que resulte el planteamiento, la vida continua y los acontecimientos que vengan en los próximos días, en un ambiente de guerra contra no se sabe muy bien quien, llena de dudas a los mercados que sin embargo después de algunas caídas generalizadas de cotizaciones repuntan a la semana siguiente.
En este contexto, si se pretende seguir el guión clásico de vaticinar la posición del sector asegurador español el año que viene, deberíamos considerar los posibles escenarios económicos generales en los que nos moveremos, siempre bajo el doble supuesto de que las posibles acciones bélicas se desarrollarán en puntos muy localizados y bajo control, y de que las indemnizaciones asociadas a lo ocurrido el 11 de septiembre puedan ser cubiertas sin consecuencias.
El primero de estos supuestos, acciones bélicas controladas, es necesario realizarlo ya que si suponemos otro escenario las predicciones no tienen ningún valor. Respecto a la hipótesis de que las coberturas sean asumidas sin consecuencias, es mucho suponer, primero por los importes globales de las indemnizaciones que se están barajando, en este momento se sitúan en torno a los 8 billones de pesetas y puede que sigan creciendo cuando se conozcan las pérdidas reales, y segundo porque aún suponiendo que las reservas de cada aseguradora y reaseguradora involucrada cubran, sin problemas serios, las indemnizaciones que le correspondan, en los próximos meses, como mínimo, pueden existir dificultades para la cesión de determinados riesgos al reaseguro.
Cláusulas de guerra
Estas dificultades no se circunscriben a las famosas cláusulas de guerra, sino a riesgos que hasta ahora encontraban cobertura con más o menos dificultad amparados en cuentas mayores, pero que después de unas fuertes pérdidas, es posible que tropiecen con serias barreras de rechazo en el ambiente del mercado nacido después de la fatídica fecha, lo que a su vez puede agravar la crisis económica de producción, creando un circulo vicioso sobre el sector.
Sin embargo, respecto a la situación económica prevista a escala mundial, conviene destacar la visión manifestada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que señala que, en su opinión, los atentados perpetrados el pasado 11 no provocarán una recesión en la economía mundial ni este año ni el próximo. Sin embargo, el citado organismo sí estima que el crecimiento puede verse afectado "a corto plazo" en el tercer y cuarto trimestre de este año, y reconoce que, tras los sucesos acontecidos en Estados Unidos, la economía mundial sufre ahora "un mayor grado de incertidumbre".
Por otra parte, aparecen noticias tranquilizadoras para el sector a nivel nacional, en la que el Consorcio de Compensación de Seguros se hace cargo de los tramos superiores a 50 millones de dólares por las pérdidas ocasionadas por actos terroristas a líneas aéreas a cambio de unas primas de 45 pesetas por pasajero, de lo que deducimos que o existen coberturas de reaseguro o tienen reservas suficientes para cubrir las cuantías que se mencionan. De igual forma el Congreso americano estudia una medida similar en la que el Gobierno actúe como asegurador final para las empresas que sufran atentados terroristas.
En consecuencia, supongamos el escenario en el que el sector no modifique sustancialmente sus estrategias y, por tanto, se guíe según la capacidad y saturación del cada mercado local y según las capacidades económicas de los sectores demandantes de las coberturas. En este escenario parece que debemos seguir confiando en el potencial de crecimiento de la economía española, que medido en términos de PIB se sitúa por encima de un crecimiento del 3 por ciento de crecimiento esperado, aunque en un escenario de inflación superior a la prevista. Estas presiones inflacionistas siguen manifestándose en España a pesar de la medidas a corto y a largo plazo tomadas por el Gobierno.
Pasada la avalancha de los acontecimientos de rabiosa actualidad, quizás es el momento de situarnos de nuevo en la realidad, ya que el año 2001 será el año en el que comience la circulación de billetes y monedas de euros, y lo que es más importante, la desaparición de las monedas nacionales. Sin entrar en los beneficios que la moneda única está ya arrojando, parece claro que creará unos meses de confusión que será necesario considerar Además será el final del tiempo de adaptación, y, en consecuencia, el final del camino de las empresas que no se encuentren adaptadas.
En lo que se refiere a datos contrastados de recaudación de primas del año 2000, cabe destacar que en un entorno económico de desaceleración del crecimiento, el sector creció de forma espectacular en dos parámetros, en recaudación de primas y en pérdidas técnicas. Por muchas estrategias innovadoras y de posicionamiento que queramos diseñar para el futuro, es incomprensible que año tras año, estrategia sea sinónimo de pérdida y diseño de políticas de penetración de pérdidas aún mayores.
Cada vez se muestra con más fuerza la tesis de que el talento y la capacidad de la dirección de las aseguradoras es la clave para encontrar una posición adecuada en un mercado en el que aparecen de la nada nuevos competidores y cambian las reglas de juego con cierta frecuencia.
Sin pretender ser adivino, parece que algo tan simple como el análisis de las capacidades y habilidades de cada aseguradora y la innovación en negocios rentables guiados por profesionales preparados y con sentido común, puede ser el camino más racional para el crecimiento en términos de resultados.
En lo que se refiere a cifras de negocio esperadas para el presente año, parece bastante probable que finalmente exista un retroceso del seguro en conjunto. No obstante la caída se debe a la volatilidad de los productos ligados a fondos y, en consecuencia, a la huida de inversores que contrataron seguros "unit linked" en un momento de expansión bursátil y que prefieren contratar tipos de interés garantizados, visto el descenso y las pérdidas acumuladas por estos productos el pasado año 2000.
Por todo ello, en las predicciones realizadas para el presente año 2001 y para el año 2002, existe una distorsión evidente al considerar cifras globales, ya que el seguro tradicional probablemente continuará mostrándose muy dinámico por lo que tendrá unos crecimientos considerables, en torno al 12 o 14 por ciento en seguros no vida y cifras espectaculares referentes al resto de seguros de vida no ligados a fondos de inversión.
El próximo año continuará el flujo de primas como consecuencia de la exteriorización de los fondos internos de las empresas con sus trabajadores, que durante el año 2001 está siendo muy elevado, pero que según las previsiones para el año que viene continuará en unas cifras significativas hasta el final del plazo del 16 de noviembre del 2002.
En conclusión, es difícil pronosticar la situación del sector asegurador el año que viene en un estado de los acontecimientos como el actual, a pesar de todo estimamos que los crecimientos en los seguros tradicionales continuarán siendo elevados, tanto por el potencial de crecimiento en la necesidad de aseguramiento como por las necesarias subidas de tasas que equilibren las maltrechas cuentas de resultados.
En lo que respecta al ambiente local del mercado asegurador, éste continuará sufriendo algunos cambios estructurales que conducirán a una disgregación de los negocios y a una reagrupación en nuevas estructuras, en las que será cada vez más difícil diferenciar productos financieros puros y combinados con coberturas de seguros.
En este entorno parece aconsejable analizar las capacidades y habilidades de cada uno y buscar las asociaciones más operativas de distribución y cobertura en un mercado cada vez más informado y con unas demandas crecientes de servicios financieros integrados, imponiéndose la necesidad de volver al paradigma de buscar oportunidades de negocio en las dificultades que toda transformación requiere, y contar con los profesionales mejor qualificados para guiar dichos cambios hacia un futuro de éxito.
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